LA DANZA DE LA DROGA PASADA A LAS MANOS Y A LAS MUECAS REMPLAZA EL DROGARSE Planificador de taller

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Introducción (descripción) del taller

A un ejecutivo, adicto a la marihuana que cada que la dejaba perdía el apetito, le dije que su problema era el vértigo. Lo que sentía en el estómago que le quitaba el apetito era la misma revoltura que uno siente cuando se baja mareado de un carro que subió por una carretera de muchas curvas. Haciendo el ritual como si fumara marihuana con otro adicto a la marihuana la coca y el LSD, al pasarse el imaginario pucho mientras repetían la frase: “que que  que que queres oir hoy, hoy hoy pues parce” ambos fueron entrando en esa danza de los “parceros” con frases y expresiones de cara y la mirada de lado, típica de los marihuaneros y al hacerlo, a ambos se les quitó el mareo, o mejor se metieron en él  porque el mareo se debía a la danza de sus hilos, aquellos que se agitan al fumar (como lo demuestra el taller I). El ejecutivo por ser de clase alta no danzaba en “el tumbao” que la marihuana induce y por ello crónicamente se sentía como con mareo. Al danzar en este tumbao, dejó de fumarla sin perder el apetito. Otros marihuaneros delincuentes se ponen agresivos al dejar de fumarla, porque esa danza lenta los relaja y los conecta al pulso de su corazón lento. Vi otro joven de 23 años que había perdido el primer semestre de arquitectura por fumar marihuana, algo que hacía desde los 12 años. Como fumaba cigarrillo, hicimos el ejercicio del taller I de fumarlo sin tocarlo y le dio la pálida, se iba a caer viendo aquellos hilitos y yo le dije que se dejara caer y al desmadejarse, se fue metiendo en la danza del marihuanero sonriendo y  levantando la ceja al tiempo que decía: huyyyy noooo, en serio uuyyyy noooo”. Su madre, que lo estaba mirando, mostraba cara de enojo y él de pena al dejar que ella lo viera con ese tumbao de marihuanero. Los puse a que se miraran mientras él repetían estas frases y tono de marihuanero, sonriente, feliz.  Sin fumarla decía tener los ojos rojos y se sentía trabado. El reto era que él fuera capaz de entrar en este tumbao sonriente y gozón sin marihuana. A él y a su madre los motivé para que desligaran la imagen sonriente de la idea de la marihuana. El había asociado su felicidad y soltura a la marihuana y a ella le fastidiaba verlo feliz porque así solo  lo veía, cuando estaba drogado.

 

1 trate de hacer la danza de la droga que consume, muchas veces 20  o 50 hasta que se meta en ese automatismo tanto que esa mirada otorgada por esos hilos que van levantando las cejas y los hombros o haciendo mirar de lado, en ese tono de voz y en ese pulso que los conectores le hagan sentir en sus manos, se vuelva tan cotidiano y normal que no lo sienta nunca más asociado a drogas.

 

2 Salga a caminar con los conectores de intervalos en los dedos y sienta como al apretarlos la mano se hace una unidad y lo va haciendo empinarse y desplazarse con el tumbao de los marihuaneros, es esta danza la placentera, no la marihuana..


3 Las personas que nos miran nos cambian las ventanas de hilos por las que vemos el mundo. Todos recordamos la finca de vacaciones ligadas a los primos y a los hilos que en ese ambiente aparecían frente a los ojos. Por eso los filtros de hilos se llaman: padre, madre, hermanos, ser amado, seres amados, enemigo, maestro, maestra, etc.  Intente descubrir con gafas y sin ellas, cómo cambian sus hilos cuando está con su mamá, como cuando está con su papá, hermanos, ser amado, enemigo, etc y proponga un cambio o argumente si lo nombres de los filtros están de acuerdo con lo que usted sintió.